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 La sonrisa siempre
la caracterizó. En las fotos, en las imágenes,
en la memoria de las hermanas. Serena, pero
atenta a las necesidades de alimentación,
de descanso y apostólicas de todas
sus hermanas. Teresa, nombre de bautismo,
fue una mujer sencilla y disponible al proyecto
del Reino. Nació el 20 de agosto
de 1894 en Castagnito, Alba, Italia. Aprende
el arte de la costura, además de
dar la catequesis en la parroquia. Cuando
tiene 20 años se encuentra con el
Padre Santiago Alberione, es el año
de 1915. En la parroquia de San Cosme y
Damián, Alberione propone a Teresa
a unirse a un pequeño grupo de jóvenes.
Al comienzo se dedicarán a coser las ropas
de los soldados que pelean la 1ª Guerra
Mundial. Luego viajarán a Susa para llevar
adelante el diario diocesano La Valsusa.
Así comienza esta aventura, protagonizada
por mujeres, consagradas, para evangelizar
con los medios.
La tradición en la Iglesia señaló,
durante muchos siglos, que San Pablo tuvo
una compañera y discípula,
Santa Tecla. Fue retirada del santoral,
en los años sesenta, por no contar
con fuentes fidedignas. Anterior a este
hecho Teresa tomó este nombre para
su profesión, y según las indicaciones del fundador comenzaron a llamarla "Maestra Tecla". Fue la primera Superiora General
de la Congregación, además
de madre, consejera, compañera de
las alegrías y de los momentos de
tormenta. Supo siempre dar impulso a la
misión, acompañando a las
hermanas en las tierras extranjeras, por
medio de cartas o comunión de oración
frente al Sagrario.
También tuvo este compromiso maternal
con otras ramas de la Familia Paulina. Sabrá
acompañar a los misioneros paulinos,
y dará toda la ayuda necesaria para
las fundaciones de las hermanas de otras
Congregaciones de la Familia Paulina. El
propio Beato Santiago Alberione dirá
de Maestra Tecla: "Ustedes
tendrán muchas Maestras,
más solamente ella fue, antes de todo, Madre
del Instituto."
"En septiembre de 1963 la acompañé
a la clínica de Albano. Hablaba sí,
pero poco. Más bien escuchaba. Después,
cansada prefería permanecer en silencio.
Por la noche, después de cena, estábamos
un poco en el balcón. Miraba las
estrellas, ampliaba la mirada. Más
de una vez me dijo: "Mira, más
allá de las estrellas está
la casa del Padre. La casa del Padre que
nos espera… ¡Qué bello
será encontrarse con el Padre! Muchas
veces ya no logro rezar: miro al Padre,
y él me mira…”. Testimonio
de una hermana paulina.
Maestra Tecla fue llamada a la casa del Padre el
5 de febrero de 1964. |
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