Jesucristo
es el enviado del Padre, misionero que anuncia
el Reino de Dios, la salvación y
el perdón de los pecados. Durante
su actividad pública enseño
a los discípulos los nuevos valores
de las bienaventuranzas. Después
de su muerte y resurrección los envió
como misionero para predicar el Evangelio
a todos los confines de la tierra.
La misión es un aspecto esencial
de nuestra fe. Pues ella se fortalece dándola.
Todos los bautizados estamos llamados a
ser misioneros, a servir llevando la verdad
que es Cristo. En la V Conferencia de Aparecida
se nos invita a ser discípulos-misioneros,
siendo testigos alegres de la Palabra. En
América Latina y el Caribe la acción
de los misioneros estuvo estrechamente unida
a la construcción de nuestra identidad.
La misión hoy tiene como objetivo
fortalecer la fe viva y popular de nuestro
continente.
La espiritualidad del misionero es esencialmente
trinitaria. Dios Padre, Dios Hijo y Dios
Espíritu Santo nos enseñan
a salir de nosotros mismo para ir al encuentro
del otro. Nos dan la capacidad para amar
sin fronteras, ni divisiones de raza, sexo,
posición social, nacionalidad, etc.
El misionero debe ser especialista en comunión:
entre las Iglesias, entre los diferentes
estados de vida y entre los hermanos cristianos.
Al participar de esta misión el discípulo
misionero camina hacia la santidad. Pues
Dios es amor y el amor es comunión
que respeta las diferencias pero por la
Pasión de Cristo nos hace a todos
hijos y hermanos.
Documentos
V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe Aparecida
Decreto Ad Gentes
Redemptoris Missio Juan Pablo II
Exhortación Apostólica Evangelio
Nuntiandi
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